Cuando la culpa se desplaza al peatón
Hoy día toda persona que nace y crece en un entorno urbano lo hace con una serie de aprendizajes normativos que la instruyen sobre lo que es correcto y lo que no lo es en el reino asfáltico. Entre estas «normas» se encuentra la convicción (para muchas) que moverse por la ciudad lleva implícito la obligatoriedad de estar constantemente atentos a lo que hacen o harán los coches de nuestro alrededor. Y claro, nos va la vida! Pero, ¿qué pensaríais si os dijera que esta creencia deriva de una astuta estrategia de cambio de perspectiva promovida por la industria del automóvil?
En el capítulo «El Moloch moderno» del podcast 99% Invisible, Jesse Dukes narra la apasionante historia de cómo la llegada del automóvil generó un cambio radical en la manera que tenemos de entender y vivir la calle. Dukes explica que «En las calles de América del comienzo del siglo XX, nada se movía más rápido de 16 km por hora. Los padres responsables decían a sus hijos: «Salid a jugar en la calle» durante todo el día.»
Entonces llegó el automóvil y allí donde los peatones, ciclistas y caballos habían encontrado una anárquica y armoniosa manera de fluir se inició el pánico generalizado. Gran parte de la población veía el coche como una máquina mortífera y las muertes ocasionadas por atropello se consideraban tragedias públicas.

La principal causa de estas muertes fue que las reglas de la calle eran muy diferentes de como son actualmente. La calle entonces funcionaba como lo hacen hoy en día un parque o un centro comercial donde los peatones nos movemos en todas direcciones sin prestar especial atención del trazado de nuestro trayecto.
El automóvil es percibido como un instrumento de destrucción masiva mucho más letal que una ametralladora y el automovilista el responsable de la tragedia. Esta idea ponía en crisis los intereses automovilísticos que se unieron bajo el nombre de Motordom y fue justamente uno de los gurús de las relaciones públicas de este grupo, EB Lefferts, quien planteó una idea radical: atribuir la culpa de los accidentes a la imprudencia de los peatones y no de los conductores.
De esta idea se deriva toda una campaña comunicativa increíblemente potente que cambió por completo lo que se consideraba «normal» en la calle.
Hoy día, un siglo más tarde, esta idea está ya tan integrada en nuestro inconsciente que nos cuesta imaginar la calle con un formato distinto al que hemos visto siempre y así se explica que ideas como pueda ser la reducción de plazas de parking, el incremento de viales ciclables para bicicletas, VMP y otras ruedas circulantes o incluso la transformación en plataforma única con prioridad para el peatón sean recibidas como ideas revolucionarias para algunas e incluso locuras para otros.
Pero es así, hay gente que puede y quiere imaginar que nuestras calles podrían ser más amables, menos ruidosas y peligrosas, acoger múltiples usos y diversidad de personas. Un claro ejemplo son todas las personas que participan en diferentes niveles en el proceso de participación del Plan de fomento de la movilidad en bicicleta y vehículos de movilidad personal de Olot. Un proceso iniciado en enero de 2021 que concluye a mediados de octubre del mismo año donde se ha contado con más de 1.100 participaciones hasta la fecha.
En la web del proyecto se puede consultar toda la información generada durante el proceso y coger ideas sobre cómo podemos cuestionarnos el diseño y uso que hacemos de nuestras calles.
¿Os atrevéis a poner en cuestión lo que es «normal» en vuestras calles?