Cooperativa del Siglo XX , una oportunidad más para definir colectivamente los usos de un bien común

Esta primavera 2018, hemos estado trabajando en un proceso de consulta y de coproducción con el vecindario de la Barceloneta para definir los usos del que, desde este 2017, es un nuevo equipamiento para el barrio de la Barceloneta: la antigua Cooperativa del siglo XX.

El edificio, diseñado por el arquitecto Miquel Niubó i Munté y construido a principios de los años 40, sirvió de sede de la Sociedad Cooperativa de Consumo Siglo XX hasta la disolución de la entidad a principios de los años 90. Durante sus años de funcionamiento, la cooperativa se había dedicado a la gestión popular del consumo en un momento difícil para las clases populares y de una gran fractura social. Después de más de una década en desuso y de fuertes polémicas vinculadas a la titularidad del inmueble, En 2005 se inició un movimiento vecinal para reclamar el edificio como un espacio de uso vecinal y comunitario que finalizaba con la expropiación del edificio en 2014.

Raons Públiques recibíamos el encargo por parte del Distrito de Ciutat Vella, para diseñar y llevar a cabo un proceso de consulta y coproducción que ayudara a revisar y dar cuerpo a la propuesta base presentada por el Distrito. Esta propuesta recogía aportaciones previas y ponía atención a las necesidades y posibilidades de un nuevo equipamiento para el barrio de la Barceloneta y para el Distrito de Ciutat Vella en general, y en particular para sus jóvenes. Para dar respuesta al encargo, RP nos hemos reunido con miembros claves del proceso de reivindicación vecinal, hemos salido a la calle para preguntar a los jóvenes qué espacios querrían encontrar en el barrio, hemos hecho un taller específico con jóvenes asociados en varios centros juveniles de la Barceloneta y hemos hecho un taller abierto a todo el mundo para validar y priorizar las propuestas derivadas del proceso y aquellas sugeridas por el Distrito.

De los resultados, se deriva un consenso sorprendente y generalizado que evidencia la necesidad de un equipamiento de proximidad para todo el mundo y en especial para los jóvenes del barrio. Además, se hace patente la voluntad de que el equipamiento sea exclusivamente por la gente del barrio y no un equipamiento más de la ciudad y, sobre todo, protegido de la presión turística. El proceso, tal y como lo pedía el encargo, da como fruto una propuesta de usos por plantas y deja abierta la cuestión de cómo se tendrá que gestionar el equipamiento en el futuro.